La Taxonomía es la ciencia cuyo fin es la ordenación de la biodiversidad en clases, órdenes, familias, géneros, etc. La ciencia tradicional estaba basada, casi exclusivamente, en el estudio de los caracteres morfológicos, pero desde el siglo XVIII, los caracteres microscópicos han alcanzado, en Micología, un valor taxonómico, que muchas veces se muestra decisivo.

Por ello, es preciso conocer datos imprescindibles como la morfología y dimensiones de sus esporas, de células especiales como queilo, caulo, píleo y pleurocistidios, la estructura de la trama del himenóforo, así como la conformación de los revestimientos, pileico y caulinar, de los cuerpos fructíferos fúngicos, en el caso concreto de los Basidiomycetes.

Gracias a las diferencias microscópicas que existen entre algunos individuos, morfológicamente muy similares, hemos sido capaces de diferenciar y crear muchas nuevas especies hasta entonces desconocidas. Así, por ejemplo, Hymenoscyphus albidus , un hongo saprófito, e Hymenoscyphus fraxineus, un patógeno de los fresnos, son, morfológicamente idénticos, pero la base de los ascos del último de ellos forma uncínulos, mientras que el primero no lo hace, lo que favorece enormemente la discriminación entre ambas especies.

Ya en el siglo xx, los estudios basados en la genética molecular han revolucionado, nuevamente, la Micología y por ende toda la Taxonomía, reordenando y recolocando de nuevo multitud de hongos en nuevos nichos taxonómicos.

Gen Bank, la base de datos de secuencias genéticas del NIH (National Institute of Health) de los Estados Unidos, cuenta con una colección de secuencias de ADN, de disponibilidad pública, que, aunque aún queda mucho por hacer, ha mantenido, desde su creación en los años 80, un crecimiento exponencial. Gracias a dicha base de datos, podemos hoy día comparar las secuencias obtenidas de nuestros propios hongos, con las existentes en la base de datos, y establecer los correspondientes grados de identidad entre las mísmas.

El Jardín Botánico Atlántico de Gijón, financia una parte del estudio que CEMAS desarrolla en el Jardín. Dicha ayuda financiera se traduce en la secuenciación genética de aquellos ejemplares de dudosa determinación, o de algunos otros que, quizás, no estuviesen aún descritos.

Las secuencias de algunas regiones del ADN ribosómico, serán posteriormente descargadas en la base de datos Genbank, a medida que los resultados obtenidos puedan considerarse como concluyentes.

Xylaria oxyacanthae y Lycoperdon umbrinoides, son los primeros hongos censados en el Jardín, algunas de cuyas secuencias han sido incorporadas a la base de datos GenBank,  gracias a la colaboración de Lilian Pilares Ortega.

Xylaria oxyacanthae ERD-6474. Gijón, Jardín Botánico Atlántico, Micrografía. 17-VI-2015, semillas de Crataegus monogyna. Foto: Enrique Rubio

 

Xylaria oxyacanthae ERD-6474. Esporas. Gijón, Jardín Botánico Atlántico, 17-VI-2015, semillas de Crataegus monogyna. Foto: Enrique Rubio

Xylaria oxyacanthae ERD-6474. Gijón, Jardín Botánico Atlántico, 17-VI-2015, semillas de Crataegus monogyna. Foto: Enrique Rubio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lycoperdon umbrinoides ERD-7431. Gijón, Jardín Botánico Atlántico, 5-I-2018, en humus de Juglans regia. Foto M. González

Lycoperdon umbrinoides ERD-7431. Micrografía. Gijón, Jardín Botánico Atlántico, 5-I-2018, en humus de Juglans regia. Foto: Enrique Rubio

Lycoperdon umbrinoides ERD-7431. Esporas x 1000. Gijón, Jardín Botánico Atlántico, 5-I-2018, en humus de Juglans regia. Foto: Enrique Rubio